CULIACÁN, SIN. — El rico legado histórico y arquitectónico del primer cuadro de Culiacán se encuentra en una situación de vulnerabilidad crítica. De acuerdo con un relevamiento y denuncias de historiadores y vecinos del sector, decenas de casonas antiguas construidas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en el Centro Histórico de la ciudad presentan graves daños estructurales, colapsos de techos y fachadas en total estado de abandono, amenazando con borrar la memoria física de la capital sinaloense.

La problemática radica en un complejo entramado legal e inmobiliario. Muchas de estas edificaciones históricas se encuentran atrapadas en litigios de herencias familiares que se han prolongado por décadas, mientras que otras pertenecen a propietarios privados que carecen de los recursos económicos suficientes para costear las estrictas y costosas normativas de restauración impuestas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Ante este panorama, los dueños optan por dejarlas en el olvido, esperando que el paso del tiempo y las lluvias estacionales terminen por derribarlas para poder comercializar los terrenos como estacionamientos públicos o locales comerciales modernos.
Expertos en urbanismo advierten que el deterioro de estos inmuebles no solo representa una pérdida irreparable de identidad cultural e histórica para el municipio, sino que también se ha convertido en un factor de riesgo inminente para la seguridad pública de los miles de peatones que diariamente transitan por las banquetas del Centro. Con la llegada de la temporada de lluvias y tormentas tropicales, el peligro de desprendimiento de cornisas, adobes y marquesinas se incrementa exponencialmente.
Organizaciones civiles han hecho un llamado urgente al Ayuntamiento de Culiacán y al Congreso del Estado para legislar y diseñar un fondo económico mixto que permita rescatar, apuntalar y rehabilitar de manera prioritaria las fachadas catalogadas con valor histórico. De no aplicarse medidas de intervención urgentes, el panorama del Centro de Culiacán continuará desdibujándose, sustituyendo sus antiguos muros de ladrillo y patios coloniales por planchas de asfalto y estructuras de concreto sin identidad.




