Las víctimas inocentes que acumula la guerra del narco en Culiacán sacó otra vez a la gente a marchar, esta vez para pedir justicia por Fernando Alan

Aarón Ibarra
Culiacán, Sin. – La gente comenzó a llenar la banqueta de carteles y mantas. Otra vez. Como si se hubiera vuelto costumbre tener qué salir a la calle a gritar justicia por las víctimas inocentes de la guerra del narco. Ahora fue Fernando Alan.
El contingente parte de la Catedral hacia La Lomita sobre la avenida Álvaro Obregón.

Fernando Alan tenía menos de 24 años al momento de su asesinato, ocurrido en circunstancias muy confusas. Y piden justicia. Por eso marcharon… otra vez.
La primera marcha de este tipo data de un año y fue por el asesinato de los hermanos Gael y Alexander. Tenían nueve y doce años apenas. Fueron víctimas directas de un ataque de sicarios. La historia es tristemente del dominio público. ¿La justicia? No, esa nunca llegó. En el ataque murió Antonio, padre de los dos hermanos.

Ese enero de 2025 hubo dos marchas. La primera el jueves 23 y la siguiente el domingo inmediato a ese día.
Un año más tarde la nueva víctima es Fernando Alan. Le gustaba hacer ejercicio. Era graduado de la carrera de derecho. Nada tenía qué ver con el crimen organizado. Él sólo pasaba por ahí.
Su padre, Brayan Humberto Arce, explica el motivo de la protesta: justicia. Nada más simple que eso, pero también nada más lejano en una ciudad como Culiacán, colmada de homicidios, de feminicidios, de desaparecidos.
“Si me llega a costar la vida, no importa; yo voy a luchar hasta que mi hijo tenga la justicia que se merece”, dijo a medios.
La declaración vino al término de la peregrinación. En las escaleras de La Lomita se plantaron y agradecieron la simpatía de la sociedad. No fueron tantos como supone una movilización de este tamaño.
Pero lo los dejaron solos. Los acompañaron, además de ciudadanía en general, familiares de víctimas de desaparición. Y no eran pocos.
Ellos advierten una crisis humanitaria. No solamente están desaparecidos nuestros jóvenes sino que las autoridades no buscan, y cuando lo hacen, no lo hacen de forma igualitaria.
La crítica es por el despliegue efectuado por el estado para la localización de Nicole Pardo Molina “la Nicholette”, tiktoker secuestrada por un grupo armado el martes 20 de enero y liberada la tarde del sábado siguiente.
Por eso la crítica.
Parece que la violencia en Culiacán no solo golpea a los sectores menos privilegiados, sino que la justicia también se llega de forma selectiva. Casos como el de la alcaldesa de Mazatlán a quien le robaron su vehículo y lo localizaron horas más tarde contrasta con los más de 6 mil registrados el año pasado, casi todos impunes con una recuperación de dos por cada 10 robos reportados a la autoridad.
Pero así es la ciudad.
Hay que vivir pensando en que no te va a tocar, y esperar que si te toca, la gente no lo calle y pida justicia.




